jueves

Mientras cenan con nosotros los amigos

...!A sus 58 años Avelino Hernández había encontrado por fín el secreto de la felicidad: Una mujer fiel y cómplice, una casa junto a un río en una isla, una mesa en la que escribir y un barco en que navegar y un montón de amigos de los que escuchar historias y a los que contar las propias, reales o literarias. Lo demás ya lo dijo D. Quijote, con el que Avelino compartió tanto su origen castellano como su muerte frente al mar, no son sino engaños torpes en los que el hombre pierde la vida.."

Julio LLamazares



Este prólogo es de un libro maravilloso, que lleva por título el del post y en el que Avelino nos cuenta las historias que compartía con sus amigos cuando se reunían a cenar. Me pareció entrañable ...... y .... Es curioso, a medida que cumplo años, me sobran la mitad de las cosas. Creo que se necesita muy poco realmente para vivir, pero de lo que no quisiera prescindir nunca es de la ilusión de conocer nuevos universos humanos, siempre con la esperanza de llegar a un grado de complicidad sana e inteligente.

¿Se viene alguien a dar un paseito por la playa?


miércoles

Un relax mediomañanero

Estoy viendo la vida desde la ventana, pero en realidad, lo que más me gustaría sería tumbarme en un prado verde y mirar al cielo, así sin más...

Por supuesto estais tod@s invitados, cada uno que mire donde quiera.

lunes

vuelo!

Podría parecer encuentros en la tercera fase...

... La llamada de lo misterioso, su poder aúreo




















...Dan ganas de volar sin límites cuando estás allí


... Los acantilados de Moher, un regalo para el alma y los sentidos. ¿volamos?

miércoles

El reino de lo doble

Hay muchos modos de ver y de ser visto y todos ellos afectan a nuestra forma de interpretar, como diría John Berger.
A mi me gusta mirar los reflejos de las cosas, las sombras... Quizá porque al trastocar la visión ordinaria, podemos trascender en parte lo que creemos saber y.....Vemos


Decía Rilke..
Aunque quiera el reflejo en el estanque
con frecuencia desvanecerse,
la imagen sabe.
Sólo en el reino de lo doble
llegan a ser eternas y suaves las voces.

domingo

una, dos y...


Este post que ya se lleva el agua va dedicado a un nuevo amigo que inaugura su propio blog. Con todo mi cariño:

Es urgente bajarse
de los dioses.
Tomar
el fuego entre las manos.
Destruir esos "yo" que nos presentan
una hilera de sombras agotadas.
Y dejarse caer sobre el principio
de la vida. O del sueño.
Ser solamente vida
presente. Sin recuerdo
de ayer ni de mañana."

es de Julia Uceda

También lo lanzo al agua para todo aquel al que le quedan pequeños los dioses y las formulas y se calza los zapatos del eterno viajero.


La primavera está explotando

El campo está.....Que es un espectáculo de luz, flores y vida! Dan ganas de revolcarse como un chiquillo en la hierba e impregnarse de todos los aromas de las flores.
Si estuvieramos más en contacto con la naturaleza nuestra mente sería más ligera y alegre, seguro.
En esta ocasión un campo de encinas, repletas de brotes nuevos y un majuelo en flor, con su aroma dulzón.

Querido naufrag@ lleno esta botella con todo ello y una respiración de paz.

Besos

martes

Brillar con luz propia

No siempre camino mirando al cielo, procurando elevar mi ánimo, a veces -y muy conscientemente-miro hacia abajo, despreocupadamente....Y así la ví
Acacia misteriosa, mutado su color original por algún sortilegio extraño de jardinero o de naturaleza. Imaginad un paraje sombrío, húmedo de tierra blanda y allí ella reluciendo como astro en la noche.
Curioso encuentro que compartir con los naúfragos.
Dulces besos vacacioneros a todos!

domingo

…Trataba de imaginar una vida que fuese diferente. Entre la desesperación y la normalidad ha de haber algún camino intermedio.
En el fondo, ¿por qué no decirlo?, envidiaba a aquellos que tenían una idea precisa de la vida, aquellos que nacen llevando un paraguas en la mano. Llueve, nieva, graniza y siempre están protegidos, no lo sueltan ni siquiera cuando luce el sol. Pero la envidia no era un resorte suficientemente poderoso como para dar el salto. Habría podido cerrar los ojos y zambullirme en una existencia cualquiera, aunque sabía muy bien que habría sido un salto de breve duración. A la satisfacción inicial habría sucedido una leve sensación de desazón. La incomodidad habría pasado de leve a cada vez más grande. En poco tiempo habría devorado a cualquier otra emoción, yo me habría sentido profundamente infeliz. Con la infelicidad habría llegado a la maldad. Detestarse y hacer daño a los demás son las dos caras del mismo sentimiento.
No tenía pasta de asesino, mi maldad habría sido menuda, mezquina: desaires, humillaciones, maledicencias, minúsculas canalladas. Después, aquella válvula de escape ya no habría sido tampoco suficiente. Haría falta otra cosa. En vez de una explosión, una implosión.
Veía claramente que gran parte de la infelicidad depende del camino equivocado. Caminar con zapatos demasiado apretados –o demasiado holgados- después de unos kilómetros empezamos a maldecir el mundo.
Lo que no tenía claro era por qué razón no se podrán escoger desde el comienzo los zapatos de la medida justa.
Caminaba aturdido por estos pensamientos, y así, sin proponérmelo, llegué al pabellón de los locos….

Lanzo en esta botella ciberespacial un fragmento del libro que han puesto en mis manos. Retrata muy bien a los naúfragos.
“Anima mundi” de Susana Tamaro

viernes

miércoles

Ser como tú quieras y fluir como el agua



Qué esfuerzo!
!Qué esfuerzo del caballo
por ser perro!
!Qué esfuerzo del perro por ser golondrina!
!Qué esfuerzo de la golondrina por ser abeja!
!Qué esfuerzo de la abeja por ser caballo!
Y el caballo,
!Qué flecha aguda exprime de la rosa!,
!Qué rosa gris levanta de su belfo!
y la rosa,
!Qué rebaño de luces y alaridos
ata en el vivo azúcar de su tronco
y el azúcar ,
!Qué puñalitos sueña en su vigilia!
Y los puñales diminutos,
!Que luna sin establos, que desnudos,
piel eterna y rubor, andan buscando!
Y yo, por los aleros,
!que serafín de llamas busco y soy!
Pero el arco de yeso ,
!qué grande, que invisible, qué diminuto!,
sin esfuerzo.


Federico García Lorca